
En la sábana de la muerte…
Decidme que esta dormido.
Decidme que esta dormido
Por Dios solo dormido.
Sobre el deseo de aquel infinito
Que antes veía claro y ahora azabache puro
Decidme que solo está ausente,
Por un tiempo solo ausente,
Que mañana o al “tercerdia” de nuevo abrirá los ojos.
¡Ay! Señor de los sueños, despiértalo¡
Pero no,
No esta dormido.
Del valle de Josafat trae arena en sus sandalias.
Su carne tibia, endurece por minutos
Y mi esperanza parece ahogada en sus parpados silentes.
No esta dormido, ha muerto.
Hasta sus heridas están secas y el agua es cristal que ya no mana.
Rogad a Dios en caridad,
Para que el que ha muerto bajo el manto de nuestra señora
Llegue pronto al domingo en su mañana,
¡Oh gozo del alba indestructible!

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