viernes, 19 de febrero de 2010

EN LA SABANA DE LA MUERTE


En la sábana de la muerte…
Decidme que esta dormido.
Decidme que esta dormido
Por Dios solo dormido.

Sobre el deseo de aquel infinito
Que antes veía claro y ahora azabache puro
Decidme que solo está ausente,
Por un tiempo solo ausente,
Que mañana o al “tercerdia” de nuevo abrirá los ojos.
¡Ay! Señor de los sueños, despiértalo¡

Pero no,
No esta dormido.
Del valle de Josafat trae arena en sus sandalias.
Su carne tibia, endurece por minutos
Y mi esperanza parece ahogada en sus parpados silentes.
No esta dormido, ha muerto.
Hasta sus heridas están secas y el agua es cristal que ya no mana.

Rogad a Dios en caridad,
Para que el que ha muerto bajo el manto de nuestra señora
Llegue pronto al domingo en su mañana,
¡Oh gozo del alba indestructible!

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