lunes, 1 de noviembre de 2010

MUERTE


Te intuyo, te presiento…
y solo puedo asegurar que el perfume
Permanece muchas horas tras tu partida.
Hueles a cal, a nardos, a sal de lágrimas tragadas.
A pan caliente, a hierro frío, a tormenta de celo
Que se esnifa el mar y lo engrandece.

Nunca apreté mis labios con los tuyos
Pero se que aun sin tocarnos los heriste de muerte y de esperanza.
Tu aroma los dispuso hacia el suicido y ahora se que
Un barco nunca se hace pequeño cuando se aleja en el mar.

Si mi voz supiera hablar la lengua de los Ángeles,
Harta de amor pregonaría que, tras el viejo y caduco crisantemo
El sepulcro es la puerta estrecha hacia tu VIDA.

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