
Las 12 menos diez de la noche
Estamos en una de las muchas cuevas que para el ganado hay en los alrededores. Me encontré que había un buey guarecido, lo aparté un poco, saqué el serrucho, escombré el pesebre, le puse paja limpia y olorosa para lo que venga, y dejé el suelo como bandeja de fariseo con escrúpulos. Ahora estoy en la puerta. Es de noche y en el cielo las estrellas se abren a la luz lo mismo que las yemas de los rosales por la primavera. Desde aquí veo, a la vez, la estepa con que linda Belén. Es bonito ver tantas luces de fogatas de pastores como se ven en la llanura. Hasta se les oye hablar y cantar junto a la lumbre.
Las 12 de medianoche
Estoy nervioso. Sobre la estepa he visto un relámpago muy grande y fijo, que no se apaga. Oigo cítaras y canciones como de miles y miles de niños, pero que bajan de arriba.
Me llama María. ¡Yahveh, en Ti confío!
Las 12 y diez
Estoy junto al pesebre, y María también. Te miro a los ojos, mi Pequeño divino, y siento que una ola muy dulce y caliente me sube hasta la garganta y se derrama por los míos. ¿Qué has visto Tú, manitas de nácar y de rosas, mejillas de serafín, tintín de sonajero, pupilas de azul de mediodía; qué has visto Tú, te digo, en este hombre de garlopa para haberle encaramado a este clima de predestinación y de gloria? ¿Qué pude hacer en la vida para merecer ver esa fuente clara de elaboramiento que María, desde su ánfora virgen, derrama sobre mi cabeza? ¡Ay, mi Niño, de qué manera me has hecho un loquito de Ti y cómo te voy a tener cerca en la carpintería hasta que seas un hombre y te nos vayas luego para construirle a todos en el alma el alero de la salvación...!
Día 25
Estuvieron aquí los pastores. Estas gentes se parecen a mí en lo de las pocas palabras. No había quien les sacara del «Ea, que estuvieron los ángeles y hemos venido...; a ver lo que se necesita...». Empeñados en besar al Niño, aunque no había uno que no le pinchara con la barba. Luego dicen del dinero...; pero ¿quién le pone precio al cariño que han amontonado aquí los mayorales?
De lo que trajeron le he guardado al chaval un zurrón de piel para cuando sea mayor y se vaya al desierto a hacer penitencia.
Cuarenta días después
Paramos ya en una casa de Belén, y esta mañana hemos ido a lo de la Purificación. Como con todo lo de Jesús, pasan unas cosas tan maravillosas que se me pone el vello de punta. Ea, y no me acostumbro; soy así de torpe.
Las dos tórtolas del rescate nos han costado como unos veinte jornales de los que me salieron estos días. ¿Mucho? ¡Que no! María y yo miramos al Padre que nos protegen desde arriba, y el sudor de los jornales se empequeñece hasta hacerse un grano de mostaza para lo que el Niño merece.

No hay comentarios:
Publicar un comentario