
Ni mil Alhambras eclipsaran la belleza,
¡Oh Granada abrasada por los siglos!
De tu pecho, aljibe construido sin memoria.
La nieve, paño fingido de pureza,
Se desliza sordomuda por la tierra
Ansiando consagrarse gota a gota
En el templo abovedado de sus ecos.
El suspiro del ciprés será tu amante.
En su espesura, tu esencia se distingue
Atrapada en lo volátil de su rama,
Y oler su aroma es olerte trasnochada.
Que te quiten la historia que te encumbra,
Que te quiten las coronas y la espada,
Que te quiten los aullidos de los oles
Y serás para siempre tú, Granada.
Ceñida de plata en las esquinas
Juegas a ser cal que mancha a quien te roza
Y lo signas para ti,
Cautivándolo en tus senos,
Escondiendo su bondad
En el cajón sereno, oscuro de tu ropa.
Quiero destemplar los mil silencios
Que ya desde el principio dibujaban tu hermosura.
Quiero sucumbir a tus encantos,
Claudicar a mis pesares por tus manos.
Ascua ensangrentada por el fuego
Que todo lo purifica y enajena,
Que guarda para sí la esencia y las primicias,
Y al mundo esparce ceniza, fe y ensueños.
Prende como prendes los gozos de los hombres,
Y que tu lumbre me haga daño en las entrañas,
Limpiando mis heridas que se esconden
En descompuestas ansiedades sin tu nombre.
Loca, loca Granada.
Niña sin trenzas y sin comba.
Huracán de voluntades en concierto
En la primavera veraz de la palabra.
Ofrenda de los dioses olvidada
En el ara de la tierra por un beso,
Manjar, oblación, sacrificio…
Novillo de muerte que ya evoca la victoria.

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